Todas las islas Hawái se formaron por la acción de los volcanes que
surgían del fondo del mar, a partir de una fuente de magma que en
geología se denomina punto caliente. Esta teoría sostiene que la placa
tectónica bajo el Océano Pacífico se mueve en dirección noroeste, por
lo que el punto caliente se mantiene estacionario, creando poco a poco
nuevos volcanes. Por este motivo, únicamente los volcanes en la mitad
sur de la Isla Grande permanecen en activo hoy en día.